¿Por qué había hoy tantas flores en el Peñalba?
A primera hora de la mañana, algo no cuadraba en el IES Peñalba. Demasiadas flores. En manos de alumnos. En las mesas. En los pasillos. Incluso irrumpiendo, con notable desparpajo, en algunas clases.
La primera hipótesis apuntaba al departamento de Lengua: ¿una actividad literaria?. No sería extraño. La tradición literaria española está llena de flores memorables. Algunos evocaron de inmediato a Garcilaso de la Vega y su célebre «En tanto que de rosa y azucena se muestra la color en vuestro gesto». ¿Un recital improvisado del Renacimiento?. ¿Un homenaje al Siglo de Oro en versión floral? Sin embargo ni Doña Gema, ni Doña Diana ni Doña Cintia habían programado comentario de texto ni examen a la vista. Primera teoría descartada.
Desde Biología se planteó una explicación más científica: quizá se trataba de una práctica sobre la estructura de la flor. El clavel, con su corola bien definida y sus estambres visibles, es un excelente recurso para explicar la reproducción vegetal. Pero ni Don Julián ni Doña Marta habían pedido bisturís ni lupas. Los claveles estaban siendo admirados, no analizados. Segunda teoría descartada.
En Matemáticas se intentó aportar orden al fenómeno. Si el número de claveles por aula seguía una distribución aparentemente irregular, tal vez se trataba de un experimento estadístico o de un ejercicio práctico sobre porcentajes y recaudación. Pero no aparecieron gráficas en la pizarra ni ecuaciones asociadas al asunto en las pizarras de Don Julián, Don Alberto, Don Antonio, Doña Lola o Don Óscar. Tercera teoría descartada.
Las profesoras de historia aportaron una teoría aún más documentada: quizá nos encontrábamos ante una recreación histórica de la célebre Guerra de las Dos Rosas en la Inglaterra del siglo XV o quizá la simbólica Revolución de los Claveles portuguesa de 1974. Durante unos minutos se valoró seriamente si en el Peñalba estábamos ensayando una dramatización histórica a gran escala. Sin embargo, ni Doña Juli, ni Doña Mercedes ni Doña Cristina portaban estandartes medievales ni se detectaron consignas revolucionarias. Los claveles estaban en paz. La hipótesis histórica quedó, por tanto, archivada.
El Departamento de Dibujo también quiso intervenir: ¿no será que el Peñalba se había convertido en una recreación de las primaveras floridas de Botticelli o los jarrones vibrantes de Van Gogh? ¿Un museo improvisado de arte vivo en los pasillos?. Sin carteles explicativos ni visitas guiadas hechas por Doña María José y Doña Cristina, la teoría artística resultaba sugerente… pero difícil de sostener.
Quizá el departamento de música había planeado interpretar la famosa canción de tuna: “Clavelitos, clavelitos, clavelitos de mi corazón…”. Pero rápidamente descartamos esta hipótesis, pues no vimos a Doña Noemí con la pandereta ni afinando la bandurria.
Desde Economía surgió otra posibilidad: ¿estaríamos ante un simulacro de emprendimiento? Compra de materia prima, elaboración del producto, marketing directo y distribución personalizada… Todo encajaba sorprendentemente bien con los temarios de Doña Cristina y Doña Raquel. Y, por primera vez, la investigación empezaba a acercarse a la verdad.
La explicación definitiva llegó poco después. Los claveles no formaban parte de ninguna unidad didáctica oficial. Formaban parte de la iniciativa de los alumnos de 4º de ESO, que durante toda la semana, los han vendido para recaudar fondos destinados a su excursión de fin de etapa a Asturias. Hoy, con motivo de San Valentín, se ha realizado la entrega en las aulas, acompañada de dedicatorias que han provocado sonrisas, alguna que otra cara sonrojada y muchas interrupciones en las clases.
Caso resuelto.









